Friday, 26 December 2008

EXCELENTE DESCRIPCION DE LA SITUACION POLITICA DE MI PAIS



Me llegó este mail, con un extracto de un libro escrito por Abel Posse, diplomático y escritor. No podría estar más de acuerdo, lo cual, para algunos "nostálgicos" me convierte en una "facho, facho maaaaaaaan, I wanna be a facho maaaan" - woman en realidad... cantado al son de Village People. A pesar de todo, no me preocupa, somos muchos los que pensamos de ésta manera, sólo que debido a la situación que describe el autor, muchas veces sentís que no podés expresar tu opinión abiertamente, ya que te tildan, por poco de nazi. Pero así es este país, como siempre, viviendo en una gran mentira, con libertad de expresión sólo lo es para algunos. Con DDHH sólo para algunos.



lo retransnito como un homenaje a quién me lo envió y al autor que si lo merece también. bs.gra


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Sent: Subject: Fw: ¡¡¡RUEGO A MIS AMIGOS Y FAMILIARES LEER ESTE E-MAIL, NO TIENE DESPERDICIOS !!!





Noche de lobos. Abel Posse




Este libro todavía no vió la luz, pero vale la pena para la memoria. Recordar cierta parte que al igual que el resto, pienso si mi razonamiento es acertado pondrá en blanco y negro toda la falacia que muchos por distintas motivaciones, han intentado engañar a muchos durante un corto tiempo, pero la verdad triunfa al fin y no podrán seguir engañando durante todo el tiempo a todos. Muchos se han prestado a ser idiotas útiles y otros han creído en la mendacidad. Casi siempre ha triunfado el bien sobre el mal y la verdad y la razón se impuso al fin. ¿Preo quien devolvera el tiempo, mas de treinta años de ignominia? ¿quien?.


Fragmento del libro "Noche de lobos". EL AUTOR ES DIPLOMÁTICO Y ESCRITOR. ESTE FRAGMENTO PERTENECE A SU LIBRO EN PREPARACIÓN NOCHE DE LOBOS". INCURABLES ADOLESCENTES DE LOS 70 Por ABEL POSSE Sentimos que la Argentina ingresó en un clima negativo, de tensiones que no propician la buena convivencia ni aseguran la paz social. Hay un aire de violencia difuminada por las calles, desde la vergüenza de los domingos de fútbol y garrotazos hasta las bandas de matones y drogados adueñados de los barrios marginales ante la indiferencia gubernamental. La Argentina tiene ya entre 800.000 y un millón de jóvenes calificados de "marginales estructurales". Son carne para todo delito o vandalismo. Están al margen de la educación, de toda autoridad familiar, carecen de trabajo y de otra perspectiva existencial que no sea el nihilismo y la anarquía. Con planes anémicos, se elude en realidad enfrentar este enemigo colosal del futuro argentino y de la paz social. Ante esta evidente violencia difusa, todavía sin conducción, el Gobierno y todos los sectores políticos deberían estar alertas y actuantes. Esta crispación evidente, este vandalismo descontrolado y no debidamente reprimido puede desbordarse y sorprender a las autoridades. Algunos nostálgicos, revolucionarios con esquemas del siglo pasado, podrían ver en esos marginales, masas de maniobra para acciones violentas. Alguien puede estar soñando con alguna convulsión nostálgico-revolucionaria que dejaría a nuestro gobierno ante los mismos dilemas y ambigüedades que vivió el famoso Kerenski, en 1917, apretado entre sus flojeras revolucionarias y su realidad de dirigente burgués. Si hablamos sin hipocresía, debemos observar que contra los militares se hizo más justicia de la debida - y esto es injusticia Se los discriminó judicial y jurídicamente, alterando uno de los fundamentos básicos del derecho (argentino y mundial): la no retroactividad de la ley, especialmente la penal. Se anularon indultos con irritante parcialidad, al punto que asesinatos y estragos masivos causados por los insurrectos aparecen como actos no condenables, aunque hayan dejado un tendal de víctimas inocentes: empresarios, policías, militares y conscriptos. También se fabricó una visión casera de los delitos de lesa humanidad (¡excluyendo al terrorismo!). Ametrallar a conscriptos indefensos bañándose, como pasó en el ataque terrorista al regimiento de Formosa, es monstruoso y de lesa humanidad, sea que los asesinos hayan vestido uniforme o lo hayan hecho con boinas guevaristas como las que usaba Gorriarán Merlo. Se negó a los oficiales toda exculpación por el juramento de obediencia y verticalidad ante sus mandos, principio básico de todas las fuerzas armadas del mundo, sin el cual sería imposible actuar y comandar en guerra. (¡Ojalá no le toque al Presidente una policía o un ejército que algún día le diga: "Voy a ver si tiro, déjemelo pensar!). De modo que después de los juicios a las juntas militares y de tantas condenas los que ejercieron la violencia por orden del Estado carecen de toda esperanza legal. Los violentos del otro sector, con sus miles de atentados, reciben un trato inaceptable en sociedades civilizadas. El Gobierno fabrica una ilegalidad prêt-à-porter para condenar lo que considera la ilegalidad militar, que le parece insuficientemente castigada (y este matiz no viene del Derecho, sino de la ideología.) Esto hace que se desmorone el edificio legal desde sus bases romanas y germánicas e instaura un inédito caos, al afectar el rigor de la razón jurídica. Desde ahora, la ley a medida de la voluntad política dominante será una anomalía que podría extenderse más allá del tema de los años 70. Esta es la base de una ilegalidad que pagaremos muy caro. Afectará a nuestra economía, a las inversiones, a las libertades productivas y creativas. Y será un grave ataque a la Constitución: se abriría la puerta a un autocratismo seudodemocrático. Vivimos en un país desopilante, pese a las enfáticas declaraciones del Presidente de que volvemos a ser un país serio. El gobierno constitucional, en 1975, ordenó a las FF.AA. aniquilar (sic) a la guerrilla, con la aprobación y la firma de sus máximos dirigentes, que pertenecían al mismo partido que hoy, treinta años después, apaña al residuo de subversivos, los destaca casi como personalidades morales, los acoge en el Gobierno y hasta les paga una abundante indemnización por las molestias causadas... A la vez, se busca mantener ilegítimamente encarcelados a los militares que cumplieron el mandato del gobierno peronista, logrando el cometido de desarticular - aniquilar (sic) – la guerrilla en apenas diez meses, cuando a comienzos de 1977 la dirigencia subversiva se estableció en el exterior, con admirable prudencia estratégica. Nadie se volvió contra los que ordenaron esa aniquilación de la impopular guerrilla cumpliendo con la defensa del Estado agredido y adecuándose a lo escrito por Perón en ocasión del ataque al regimiento de Azul en 1974: a los terroristas hay que eliminarlos uno a uno, por el bien de la República. Los oficiales y hasta los soldados son procesados y reprocesados en un ejercicio de venganza disfrazada de justicia. Pero los comandantes políticos que dieron al Ejército la orden de aniquilar ni siquiera son contemplados. O todos o ninguno. ¿Cuántas renuncias de afiliación se produjeron en el peronismo de 1975 por ese decreto de aniquilación? ¿Cómo puede hablarse de justicia sin la mínima coherencia? Nada indigna más que las asimetrías. Sin coherencia ni rigurosa igualdad no hay ley, pero tampoco hay paz. El Gobierno se pone en una situación ilegítima. Se ubica fuera del orden jurídico constitucional, por más que reciba dóciles apoyos parlamentarios. A la violencia e inseguridad cotidiana se suma la división que nos causa el viaje de justicia-venganza hacia el pasado. La violencia de los muertos acecha la paz de los vivos. Una generación desgraciada y sepultada invade nuestro hoy y aquí. Empezamos a sentir el peligro de trasvasar el resentimiento de la generación pasada a la actual. En la Argentina no se entiende la discreción ante el juicio del pasado que tuvieron países que sufrieron grandes hecatombes, con millones de víctimas. Son los casos de Rusia, Francia, Alemania, España, China, Italia, Japón. Se actuó con una justicia simbólica. En esos pueblos con experiencia de desdichas ancestrales saben que es necesario impedir que las generaciones nuevas se infecten con los odios de un pasado inexorable. Permitirlo - o provocarlo, como en nuestro caso - equivale a fabricar y establecer un odio virtual, abstracto. Que en el plano histórico-político los vivos quieran vengar a sus muertos por medio de la justicia sería perverso e inútil. Equivaldría a agregar odio al odio y dolor al dolor. En Ñüremberg fueron condenadas 38 personas. Por lo de Hiroshima, ninguno... Así se explican la conducta de los españoles después de la muerte de Franco y la de Adenauer en 1947 para superar el peso atroz del nazismo con una convocatoria para la reconstrucción de la demolida nación de todos. De Gaulle suspendió venganzas contra los colaboracionistas y condonó la sentencia a muerte de Pétain, el aliado del nazismo ocupante. Deng Xiaoping, aunque víctima él mismo y su familia de las atrocidades de la Revolución Cultural de Mao, evitó toda venganza, y hoy el retrato colosal de Mao preside la plaza de Tiananmen. Los dirigentes de la Rusia post soviética, pese a 70 años de dictadura y al horror del Gulag, supieron respetar al glorioso ejército desde la interpretación nacional, no partidaria. Era el ejército de Stalin y Trotsky, pero era el heredero de Kutuzov, del triunfo sobre Napoleón en Borodino, de la gloriosa defensa de Moscú y Leningrado. Ningún país repudió a su ejército por lo que le exigieron sus gobiernos. Ni Francia por lo de Argelia, ni Alemania por las matanzas de Rusia, ni Rusia por las masacres de Polonia y Berlín, ni Estados Unidos por Hiroshima. Para bien o para mal, los ejércitos somos todos, los gobiernos somos todos. Como afirmó Sartre, todos somos responsables de nuestra historia. "Soy tan responsable de la guerra como si yo mismo la hubiese declarado". Por el bando subversivo debe decirse que transformar a los guerreros que jugaron con coraje su apuesta marxista-revolucionaria en inocentes y víctimas neutras es la mayor deslealtad para con su memoria (el jefe mismo de ese bando expresó esto con indignación). Todos los ejércitos del mundo están empeñados en su mayor eficacia, más allá de las coyunturas que hayan vivido. Estamos en un momento peligroso, casi sin otro derecho internacional que el de la fuerza. Hay proyectos para declarar patrimonio de la humanidad las reservas de agua dulce, las pesquerías, reservas energéticas y espacios vacíos. Debemos tener fuerzas disuasivas. El mundo está más cerca de la política decimonónica de puro poder que de los sueños de las Naciones Unidas en el siglo XX. Nuestro camino es optimizar la defensa nacional y regional. Brasil, Chile, Venezuela y Colombia incrementan su poder militar, mientras que la Argentina se aproxima a la indefensión y a la continua descalificación de sus Fuerzas Armadas. Con Brasil, con el MERCOSUR, tenemos que asegurar un gran espacio de paz y de estrategia defensiva. Perdemos energía en la banalidad de las venganzas y en la ilusión de algunos derrotados persistentes que quisieran transformar nuestras FF.AA. en milicias ideologizadas con ideas muertas y enterradas. Está en el Gobierno evitar que se ahonde la división de los argentinos. Debe promover la reconciliación y tener la grandeza de fundamentarla en una gran amnistía nacional (que, incluso, beneficiaría a centenares de subversivos). En este momento de democracia y de restablecimiento económico tan exitoso, debemos evitar el retorno eterno de las venganzas y aunarnos programáticamente en la conquista del futuro inmediato, como hicieron esos grandes países que se han mencionado. No se puede engañar a todos todo el tiempo. Y agregaría a esta máxima famosa: "No se puede humillar a nadie tanto tiempo."
EL AUTOR ES DIPLOMÁTICO Y ESCRITOR. ESTE FRAGMENTO PERTENECE A SU LIBRO EN PREPARACIÓN: "NOCHE DE LOBOS".



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1 comment:

Pamela.Arrarás said...

Lo más lamentable de todo esto es que por más mediocre que sea el "K-Team" no hay nadie que pueda aportar una opción viable de gobierno que lleve a una mejor calidad de vida para todos, y que no mire a los 800.000 marginales estructurales como potenciales "terroristas". Guarda con el discurso imperialista/neo-liberal escondido. Cuando queramos acordar vamos a tener "apoyo logístico" de los EE.UU. para combatir a esos "potenciales terroristas" (léase pobres desamparados por nuestro sistema) y proteger la "paz social". Ya lo hicieron en los ’70 entrenando militares para torturar en la Escuela de las Américas. Dependerá de nosotros, el pueblo argentino, amparar una vez más el "que vuelvan los milicos" o aprender de nuestros errores y darnos cuenta que un gobierno malo se va en cuatro años, ocho como más; pero las consecuencias del autoritarismo permanecen aun 30 años después. Es cierto, el gobierno actual da asco, sobre todo porque su demagogia mediocre solo sirve para tratar de tapar el sol con la mano.
Nos deberíamos preguntar, sin embargo, como llegamos a eso, como es que hacer política en Argentina es cosa de mafiosos, y ahí nos daremos cuenta que esa es la peor consecuencia de las dictaduras militares. No mataron solamente 30.000 personas (como si fuera poco), sino que destruyeron toda una generación de gente pensante, que se tuvo que exiliar para no morir. Nos estupidizaron y endeudaron (recuerden a quien le debemos la deuda externa...que los K están pagando, vaya contradicción, no?) y lo siento mucho pero a pesar de que yo me considero pacifista y totalmente en contra de la violencia, no me parece que les debamos disculpar a los militares el haber abusado de NUESTRO estado, de nuestros recursos, para hacer lo que hicieron, por más que la guerrilla no haya estado bien tampoco. Para mi Osama Bin Laden y Bush no están en la misma página. El "collateral damage" no me parece que sea tolerable.
Nuestro "daño colateral" no fue solo 30.000 muertos. Los 800.000 marginales estructurales son una consecuencia directa de no tener buenos gobernantes. No tenemos buenos gobernantes porque en los 70 se encargaron de hacer ley la frase de Les Luthiers "El que piensa, pierde!". Y tuvimos los golpes de estado en parte porque la gente lo avaló. Las señoras gordas querían "orden". Las mismas que hoy piden "seguridad". Guarda, yo no soy anarquista, a mi me gusta poder salir a la calle sin pensar si me van a robar o matar, pero no se puede buscar eso a toda costa. El fin no justifica los medios. Entonces la sociedad de hoy tendría que tener mucho cuidado con lo que pide. Las consecuencias de nuestros actos las sufrimos por generaciones.
Entonces, si me preguntan si los militares deberían ser perdonados, digo no. Se los puede juzgar con mayor objetividad y justicia? Quizá sí. Que habría que juzgar a los guerrilleros? Quizá sí. Yo no creo que la justicia tenga q se para unos si y otros no, pero tampoco es lo mimo un tipo con una Molotov que un general con un ejército a su disposición. El hecho de que el gobierno de turno use los juicios a los militares para hacerse autobombo no tiene que descalificar los juicios en sí. Y encima las madres/abuelas de Plaza de Mayo, más allá de las ideologías, son uno de los pocos ejemplos en nuestro país de lucha y resistencia PACIFICA, recurriendo a organismos internacionales para conseguir ayuda, en lugar de derrocar al gobierno de turno por las armas porq no les gusta lo q dicen/hacen. Que no son objetivas? Que andan a los gritos desaforadas? Si alguien ha visto alguna vez a una madre q perdió su hijo tendrían más compasión.
El autor dice “ningún pueblo repudio a su ejército por lo que le exigieron sus gobiernos”. Y cita a Hiroshima y el pueblo estadounidense. Yo me pregunto…si los pueblos exigieran mas a sus ejércitos y a sus gobiernos, quizá este sería un mundo mejor.
Muy bueno el post, Lula; que bueno es poder pensar diferente y ser amigas igual. Nuestros hijos tienen mas chances de tener un país mejor gracias a esto. Y no sos una facha mal, es solo q me imagino deben de estar hasta las orejas de los K, no?