La Puerta del Príncipe. La guitarra flamenca de Manolo Sanlúcar se enciende con estas bulerías. ¡Pensar que la primera vez que la escuché no podía distinguir un palo de otro! Pero el flamenco primero se siente, bien adentro, como si una memoria milenaria se desgarrara en el interior del cuerpo. A veces pienso que conozco su magia desde antes de haber nacido. Flamenco es igual a fuego y pasión y por eso tal vez, está también tan cercano al dolor.